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Descuidando lo importante...

¡OJO! Que ya te lo dice la vida. Uno no sabe lo que tiene hasta que lo pierde. O en su defecto hasta que lo ve en posesión de otro. Instinto maternal de llorar cuando sabes que lo has perdido todo. Añoranza de lo que no sabías que te regalaba felicidad y no supiste valorar. Palabras necias en oídos sordos. Pecamos de descuidar siempre lo importante en virtud de lo que puede llegar a serlo. Error común, que no por ello deja de ser un gran error...
Mal de muchos consuelo de tontos. O lo que es lo mismo, dejar de lado la felicidad para ir a buscarla por el camino. Soltar el lastre equivocado para intentar coger una velocidad que no lleva a ningún sitio. Potencia sin control que no sirve para nada...

Al final, el tren de alta velocidad que llamamos vida se acaba llevando por delante muchos vagones que vamos descuidando. Algunos sin querer y otros queriendo. Unos se van otras se queman. Porque la confianza a veces da tanto asco que acaba cansando...

Y uno no se cansa de alguien sin motivo. Cansa la espera de no saber nada, de que te lo digan todo sin decir nada, y de pensar en todo para nada. Cansa la gente que juega al quizás, cuando todos sabemos que no existe principio o final que empiece por un quizás sin llevar detrás un SI o No…

Déjate de medias tintas y medias verdades, que la tinta ya solo tiene dos opciones, sí o no. Déjate de cuentos que no quieres dejar de leer, pero tampoco quieres escribir ni un capítulo más. Se llama cobardía dejar que no sea sí, pero que tampoco sea no…

Se llama cobarde, no arriesgar por lo que deberías estar matando. Se llama cobardía esconderse detrás de eso que llaman orgullo para no tener que dar la cara. Orgullo, palabra que debería estar casi prohibida cuando se trata de dos que acaban descuidando lo importante que fueron algún día. Amores de quemarropa, que se cambian por noches de amor sin ropa. Follar por follar descuidando lo importante que es llegar a quererse. Amores para un rato que no deberían llamarse amores sino dolores. De cabeza, de corazón y de alma, porque al final te parte el alma ver que lo que un día pude ser y no fue por el simple hecho de ir descuidando lo importante que es distinguir palabrería de sentimiento.

“Uno no es lo piensa, hasta que piensa lo que dice.”



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